Adriana Moles como María Izquierdo. Foto: Cortesía

Por Columba Vértiz De La Fuente

sábado, 30 de mayo de 2026 · 10:02

CIUDAD DE MÉXICO .- La vida y la obra de la pintora jalisciense María Izquierdo (1902-1955) es abordada en el monólogo La alacena: documental miniatura sobre María Izquierdo, donde además con voces en off se recrean figuras fundamentales en la vida de la artista, como el teniente Posadas (Esteban Castellanos), Diego Rivera (Tomás Garcías), Antonin Artaud (Adrián Ollé-Laprune) y Rufino Tamayo (Hernán Bravo Varela), entre otros.

Es la actriz Adriana Moles quien revive a la autora de las obras pictóricas El circo (1939), Retrato de María Asúnsolo (1941) y Viernes de Dolores (1944-45). Representa las múltiples facetas de Izquierdo: niña, esposa, madre, pintora, amante, revolucionaria y paciente. La intérprete recuerda en entrevista que la invitó a este proyecto Tanya Huntington, quien es la autora y la directora de la pieza teatral:

“Ella me dijo que pensó que el papel me podía venir muy bien.

Somos amigas desde hace años, pero nunca habíamos colaborado juntas en nada escénico, a excepción de un proyecto de radio que tuvimos en el año del Bicentenario de la Independencia de México, y de hecho nos sacamos la Bienal de Radio de ese año. Fue un trabajo premiado de Radio Educación, pero de ahí en fuera no, solo éramos amigas sociales.

“Y me dijo que lo podía realizar yo. Y me dedico más al cabaret. Le preguntaba: ‘¿Estás segura?’ Le señalé que era un papel de carácter y, no es que no me guste el teatro de carácter, si lo he hecho, pero le reiteré: ‘¿De verdad?’, porque lo mío es la comedia. Ella aseguró que lo haría muy bien. La situación es que me tuvo que esperar un año, porque estaba yo con tres proyectos de televisión y es bien absorbente eso”.

“Es imposible, le decía a Tanya. Me daba mucha pena y le comenté que le regresaba tu texto porque sentía que necesita avanzar. Me preguntó si contaba con dos horas los domingos, y que me fuera a desayunar con ella, y como mamá, así de primaria, nos fuimos aprendiendo el texto. Lo leíamos y se lo repetía. Lo memoricé todo con ella, lo cual también fue un método que abonó muchísimo. Tanya fue muy amorosa, muy paciente y una directora muy pedagógica. Yo estaba muy angustiada con el trabajo, el hijo, en fin, y ella fue super comprensiva y muy acompañadora. Eso también al final se refleja en la obra y en el amor que le hemos puesto”.

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