Cuba atraviesa una grave crisis humanitaria, caracterizada por la escasez de alimentos, energía, petróleo y dinero. Los habitantes de la isla enfrentan apagones crónicos y una severa falta de gas, lo que agrava el deterioro de las condiciones de vida. Este colapso se atribuye al impacto combinado de la crisis energética, el reforzamiento del bloqueo y las sanciones impuestas por Estados Unidos, afectando todos los servicios básicos. En el contexto de estas tensiones, Estados Unidos ha sancionado al presidente cubano Miguel Díaz-Canel y a otras tres personas, una medida que La Habana ha condenado. Estas sanciones se suman a las amenazas previas y al bloqueo energético que ha limitado los envíos de combustible a la isla, provocando graves apagones, desabastecimiento de alimentos y un colapso económico generalizado.

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