David Vélez es una de las figuras más influyentes del ecosistema financiero latinoamericano. Su nombre volvió a cobrar relevancia después de que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) otorgara la autorización final para que Nu complete su transformación en banco en México. Sin embargo, detrás de ese avance regulatorio existe una historia que comenzó mucho antes de la creación de la fintech y que cambió el rumbo de la banca digital en la región.

David Vélez es fundador y director general de Nubank, empresa conocida en México por la marca Nu. Nació en Medellín, Colombia, y pasó parte de su infancia entre su país natal y Costa Rica antes de trasladarse a Estados Unidos para continuar su formación académica. Su preparación profesional se desarrolló en la Universidad de Stanford, donde obtuvo una licenciatura y posteriormente una maestría en administración de empresas en la Stanford Graduate School of Business.

Antes de emprender, trabajó en algunas de las firmas financieras más importantes del mundo, entre ellas Goldman Sachs, Morgan Stanley y General Atlantic. Más adelante se incorporó a Sequoia Capital, uno de los fondos de inversión más influyentes del planeta, donde fue responsable de inversiones en América Latina.

Aquella trayectoria terminó reflejándose también en su patrimonio. De acuerdo con el Ranking de Multimillonarios de Bloomberg, David Vélez ocupa el lugar 244 entre las personas más ricas del mundo, con una fortuna estimada en 13,500 millones de dólares.

La idea que dio origen a Nu surgió durante su etapa profesional en Brasil. Mientras realizaba actividades de inversión en ese país, Vélez tuvo que abrir una cuenta bancaria. Aquello que parecía un procedimiento sencillo terminó convirtiéndose en una experiencia frustrante marcada por trámites burocráticos, procesos lentos y una atención al cliente que consideró deficiente.

Los primeros pasos de la compañía estuvieron lejos de los grandes corporativos tecnológicos. La empresa inició operaciones en una modesta casa ubicada en el barrio de Brooklin, en São Paulo. Aquella oficina tenía una renta cercana a los 1,000 dólares mensuales y servía simultáneamente como lugar de trabajo y residencia para algunos integrantes del equipo fundador.

Entre las enseñanzas que David Vélez suele compartir existe una que marcó profundamente la construcción de Nubank: elegir los desafíos más difíciles. Mientras escuchaba advertencias sobre la complejidad de crear un banco, obtener autorizaciones regulatorias, levantar capital o competir contra instituciones financieras con décadas de experiencia, interpretó esas dificultades como una oportunidad.

Respecto a la cultura organizacional, Vélez considera que muchas organizaciones cometen un error al describirse como una familia. A su juicio, ambos conceptos funcionan bajo reglas completamente distintas. Dentro de una familia predominan los vínculos personales y afectivos. En una empresa, en cambio, el objetivo consiste en reunir habilidades complementarias capaces de resolver problemas complejos.

David Vélez suele explicar su visión empresarial mediante una analogía deportiva. Para él existen compañías que operan como si corrieran una prueba de velocidad y otras que avanzan como una maratón. Desde el inicio colocó a Nubank en la segunda categoría. Su razonamiento era que transformar la industria bancaria latinoamericana no podía lograrse en unos cuántos años. Se trataba de una misión que requeriría décadas de trabajo, aprendizaje y adaptación.

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