En las urbes de Japón, como Osaka, es imposible caminar por una estación de tren, el Metro, un centro comercial, una tienda de electrónica o un barrio dedicado al entretenimiento sin encontrarse una larga fila de máquinas repletas de cápsulas de plástico de colores transparentes más pequeñas que una pelota de tenis con un premio de colección.
Cuando la curiosidad apremia y al ser un atractivo turístico, adentrarse a estos coloridos espacios con agradable música de fondo es entrar a un mundo donde la fantasía sustituye a la realidad dejando detrás el ruido de la ciudad.
Se trata de las populares gashapon o gachapon, un fenómeno que forma parte de la cultura popular japonesa desde hace más de medio siglo; de hecho, el nombre hace referencia al sonido que hace la máquina al girar la palanca y caer la cápsula.
Su funcionamiento es tan sencillo como irresistible: el usuario introduce monedas de 100 y 500 yenes, aunque hay más costosas, se gira una manivela y cae una cápsula cerrada cuyo contenido permanece oculto. La expectativa y la emoción reside precisamente en el azar. Nunca se sabe qué figura aparecerá.
Lejos de ser juguetes infantiles, contienen una sorprendente variedad de artículos. Hay figuras de personajes de ánime y videojuegos, miniaturas de animales, peluches, réplicas de alimentos japoneses elaboradas con un alto nivel de detalle, miniaturas de artículos de belleza, maquillaje, perfumes, llaveros, accesorios para celulares, diminutos instrumentos musicales, piezas inspiradas en obras de arte, maquetas de trenes y utensilios domésticos.
Cada máquina tiene una colección distinta, por lo que recorrer los establecimientos conlleva el peligro de dejarse llevar por el entusiasmo e introducir monedas por doquier. De manera regular surgen cientos de nuevas colecciones, hábil estrategia para mantener vivo el interés de la gente con el riesgo de enviciarse.
En un principio estuvieron dirigidas a los menores. Existen desde hace décadas en Estados Unidos y México modelos parecidos con manivelas de metal a la salida de los supermercados donde los pequeños, aburridos del recorrido, piden a sus madres una moneda, aunque el premio suele ser una golosina.
El éxito de los gashapon responde a varios factores sicológicos. Su precio relativamente bajo hace que cada intento parezca una compra inofensiva. Sin embargo, cuando una colección incluye cinco o seis modelos diferentes, obtener la pieza deseada requiere numerosos intentos. Algunos estudios avalan la versión de que la mayoría de los aficionados vive la experiencia como un pasatiempo controlado.
Los intercambios entre coleccionistas para completar series es algo común, incluso existen tiendas donde se ofrecen algunas piezas difíciles de conseguir o de colecciones ya discontinuadas.
Más allá del entretenimiento, las máquinas gashapon reflejan una característica que es ampliamente difundida en la cultura japonesa transformando objetos cotidianos en pequeñas obras de diseño. Cada cápsula encierra una combinación de sorpresa, creatividad y nostalgia.