Winnie Zeng, agente comercial china de 25 años originaria de Wuhan, ha adoptado una estrategia inusual para hacerle frente a la incertidumbre económica: compartir la cama de su piso de alquiler con una desconocida. Esta decisión le permite reducir su factura mensual de alquiler en 450 yuanes (66 dólares) y conservar aproximadamente tres cuartas partes de sus ingresos mensuales de 4,000 yuanes.
Frustrada por el estancamiento salarial y preocupada por perder su trabajo, Zeng pasó de vivir sola a invitar a otra mujer a su habitación. "Es una cuestión de supervivencia", afirma mientras dedica largas horas a realizar retransmisiones en directo en redes sociales para promocionar los productos de consumo que vende su empresa.
Lo que anteriormente habría resultado impensable —que adultos sin ningún vínculo familiar compartan la misma habitación e incluso la cama para ahorrar— se ha convertido en un símbolo de las presiones económicas que enfrentan muchos jóvenes chinos. Las búsquedas de "compartir cama" en Xiaohongshu, plataforma similar a Instagram, arrojaron más de 37,000 publicaciones, incluyendo el propio anuncio de Zeng sobre su habitación.