sábado, 23 de mayo de 2026 · 12:00
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Las pausas en las que ha entrado el mundo por la disputa de la Copa mundialista han sido ocasión para que los reporteros y colaboradores de esta revista hayan escudriñado lo evidente y lo pretendidamente oculto detrás de la cortina deportiva.
Otra dictadura, la del general Francisco Franco, había terminado solo siete años antes cuando España fue la sede de la Copa del Mundo en 1982. Un país empobrecido que apenas se vislumbraba europeo y que transitaba “a duros penaltis” hacia la democracia, como asentó el escritor Fernando del Paso en sus crónicas desde Madrid, sin obviar los encantos de la capital española y los lances futboleros de los competidores.
Monumental, como el Estadio Azteca (hoy Estadio Banorte), fue la rechifla que recibió el presidente Miguel de la Madrid al inaugurar el Mundial México 86, un menosprecio al que ningún otro presidente o presidenta se quiere exponer. Motivos había: enojo social por la crisis económica y la estrecha respuesta gubernamental ante el desastre del terremoto de 1985.
En Italia 90 Henry Kissinger pasó de asesor de seguridad y estratega en la configuración del mundo desde el Departamento de Estado a comentar en estas páginas la frialdad en que entró el futbol en ese campeonato con “la peste defensiva”, una estrategia ganadora en la que el virtuosismo ya no fue suficiente para vencer.