Asistentes a los demócrates en el Ángel de la Independencia y las inmediaciones de Paseo de la Reforma tras el triunfo de México contra Ecuador relataron los momentos de angustia que sufrieron entre la ola humana que dejó cuatro muertos. «Dejé de sentir el suelo, lo que pisaba eran los cuerpos de personas tiradas en el piso», contó uno de los aficionados. «Una persona salía y entraban otras 50», calculó. «No había espacio para alejarse del sitio, se empezó a apretar la gente cada vez más hasta que no se podía respirar (...). Toda la masa de gente se empezó a mecer de un lado a otro (...). No había forma de resistir», añadió. Gente insistía en ingresar por las orillas de la aglomeración a empujones hasta que el aliento se les fue y era imposible gritar y respirar, describió. «La gente empezó a pedir ayuda y a gritar, y a llorar, decían que ya no podían».